sábado, 31 de diciembre de 2011

Mis Mejores Deseos De Corazón Para Tod@s

"El espíritu gobierna el universo" (Anaxágoras)

"Lo que convierte la vida en una bendición no es hacer lo que nos gusta, sino que nos guste lo que hacemos" (GOETHE)

"La felicidad no depende de lo que uno tiene, sino del buen uso que se hace de lo que se  tiene" (THOMAS HARDY)



NOS ENCONTRAMOS EN EL AÑO 2012  SUERTE





jueves, 22 de diciembre de 2011

La Navidad

Significado De Navidad Para Los Celtas

El árbol de Navidad: Los celtas y otros pueblos europeos tenían varios árboles sagrados, pero ninguno tan importante como el roble. Hacia fin de año, cuando llegaban los fríos y caían sus hojas, la gente colocaba en sus ramas desnudas telas de colores y piedras pintadas. Al vestirlo de esta manera esperaban que a la siguiente primavera el árbol brotara.

Cuando se impuso el cristianismo, los ritos agrarios invernales fueron asociados con la Navidad y los primaverales (de resurrección de la Naturaleza) con la Pascua y la resurrección de Jesús.
Uno de los religiosos más activos, hacia el siglo ocho, fue san Bonifacio (llamado “el apóstol de Germania”). A él se debe la introducción del abeto como árbol de Navidad para contrarrestar los ritos del roble. Cuentan que en cierta ocasión un roble cayó sobre un abeto, pero éste quedó milagrosamente intacto. Enterado de esto, san Bonifacio proclamó al abeto como el “árbol del Niño Jesús”.

La tradición del árbol navideño se limitó durante centurias al norte de Europa. Sólo entre los siglos diecisiete y diecinueve comenzó a expandirse por el resto del mundo occidental.
El acebo y el muérdago:
El muérdago, una planta que crece sobre otras, era sagrado para los celtas (Nueva XXX), cuyos druidas lo recogían durante la noche del solsticio de invierno siguiendo un riguroso ritual. Le adjudicaban todo tipo de propiedades, especialmente curativas, y todavía se mantienen acerca de él tradiciones como la que dice que si una muchacha recibe en Nochebuena un beso bajo el muérdago se casará al año siguiente.

Para sustituir a una planta tan pagana, la Iglesia fomentó el uso del acebo, cuyas hojas pinchudas simbolizan las espinas de la corona de Cristo y cuyas bayas rojas, la sangre: no hay que olvidar que el Jesús que nace es el que morirá después en la cruz.
Este reemplazo sólo tuvo éxito total cuando se extendieron las tarjetas navideñas: el colorido contraste del acebo es mucho más atractivo que el verde del muérdago y terminó venciéndolo, aunque en muchos países no dejan de combinar las dos plantas para las coronas y los arreglos de las Fiestas.
Los colores navideños:
A la hora de elegir adornos y guirnaldas, tres colores ganan la elección: rojo, verde y dorado. No hay muchas dudas acerca de su significado.
El verde es el color de la vida, de la Naturaleza, de lo fecundo: es verde todo aquello que se propicia durante el solsticio de invierno.
El rojo representa la sangre que derramó Cristo y, por lo tanto, simboliza la generosidad hacia los demás. Pero también tiene un significado más antiguo, como color del fuego y de la sangre, no ligada a la muerte sino en su sentido vital.
El dorado, color de la luz divina, también lo es del sol, del oro y de las espigas maduras de las que la gente dependía para sobrevivir. En ese aspecto, propicia también la prosperidad.
Velas, guirnaldas y bombitas:
Están relacionadas con el fuego y, por lo tanto, con la purificación. Es casi todas las antiguas religiones le daban este sentido: en tanto consume todo lo que toca, el fuego cierra un círculo que se reabrirá cuando todo renazca. Además, pocas expresiones habían tan divinas como los rayos que caían del cielo.

Para el cristianismo el fuego también es importante como símbolo de luz: en cierta forma, la llama de una vela representa a Cristo como luz del mundo.
Las actuales guirnaldas de luces resultan una actualización (electricidad mediante) de la función sombólica de las velas navideñas.
Las bombitas que cuelgan de los árboles son derivados de las manzanas, que en muchas culturas -desde la griega hasta la celta- estaban ligadas a la noción del “más allá”.
Las piñas y las estrellas:Las piñas (fruto de las plantas coníferas, de hojas perennes) son símbolos de eternidad, ya sea por el cíclico retorno de la Naturaleza o -en un sentido cristiano- por la vida que se espera tras la muerte.

Las estrellas representan el mundo celeste: muchas culturas trataban de leer en ellas los designios de los dioses. Para la cristiandad hay una excluyente: la de Belén, que anunció al mundo el nacimiento de Jesús.
Según la tradición El duende de Navidad era un hombre anciano muy pequeño con barba blanca, vestido con ropas de paño y gorro de punta. Convenía llevarse bien con él, porque si no te hacía toda clase de travesuras. Por eso la gente le dejaba arroz con leche, que era su comida favorita, en el desván. Hoy en día los duendes de Navidad tienen mucha familia, y como antes viven cientos de años. Son los encargados de clasificar los pedidos de los niños y grandes y entregar las listas a Papá Noel, de esta forma ellos custodian el espíritu de la Navidad y cumplen los deseos para el año que se inicia!

Que Las Navidades Nos Traigan A Todos Aquello Que Más Deseamos

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Esoterismo En Barcelona Con Gaudí

Antoni Guadí i Cornet
Antonio Gaudí y Cornet (1852-1926) ha pasado a la historia como un arquitecto singular, capaz de aunar atrevidas concepciones artísticas con un marcado esoterismo. Gaudí fue un arquitecto que supo transformar sus edificaciones en bellas estructuras repletas de simbolismo, entre la evocación de un mundo fantástico y su uso de un lenguaje codificado, impenetrable para la mayoría de la gente. Gaudí vivió de manera muy austera, sin ningún lujo. Nacido en una humilde familia de artesanos, Gaudí estudió en la Escuela de Arquitectura de Barcelona, hasta el año 1878. Empezó entonces a trabajar en múltiples proyectos en los que los edificios se transformaban en algo vivo, mientras que la forma parecía desmaterializarse y en que todo parecía cambiar continuamente como en un proceso alquímico. Según Gaudí, «La inteligencia del hombre sólo puede expresarse en el plano y en dos dimensiones: resuelve ecuaciones con una incógnita, de primer grado. La inteligencia angélica es en tres dimensiones, y se despliega directamente por el espacio».

Temple de la Sagrada Família
El mundo de Gaudí se mueve entre el pasado y el futuro y sus construcciones son una fusión entre el gótico y el modernismo. Sus obras contienen un hermetismo impenetrable cuyo descifrado no es fácil de conseguir. Pero el esoterismo de Gaudí tiende a lo sagrado y los edificios gaudínianos se elevan mediante una combinación de símbolos y alegorías que se mezclan sin solución de continuidad, pero con una fuerza que atrae y sorprende. El esoterismo de Gaudí también se manifiesta por la ausencia de escritos ya que, sorprendentemente, no publicó artículos ni libros, ni dio ninguna conferencia. Todos sus conocimientos fueron transmitidos oralmente a algunos colaboradores. De este modo, detrás de sus obras dotadas de vida, como la Casa Batlló, en Barcelona, hay una especie de zona intermedia entre la mitología y el mundo de los seres humanos. «La historia de la arquitectura es la historia de la Iglesia», afirmaba Gaudí, indicando así que su actividad creativa estaba orientada hacia lo sagrado. En sus obras puede verse un retorno de los arquitectos medievales que, en la construcción de las catedrales, insertaron símbolos y alusiones a mundos más allá de la dimensión humana.

Esto resulta muy evidente en la construcción inacabada de la Sagrada Familia (Barcelona), que no puede limitarse a definirla como una iglesia. Este impresionante templo es una síntesis de todo el lenguaje hermético del genial arquitecto catalán. En efecto, podemos ver torres que transforman la piedra en representaciones vegetales, divinidades y figuras míticas que salen de la materia. Pero a pesar de esta evidente transformación y movimiento en las construcciones de Gaudí, no conseguimos descubrir su real significado ni el mensaje que nos quiso transmitir. El universal maestro catalán ha conseguido la inmortalidad, ya que ha dejado tras de sí una arquitectura que se transforma en una especie de bosque en el que es fácil entrar, pero en la que entramos en un entorno laberíntico en el que se pierde fácilmente el camino a seguir. El sentido oculto de lo sagrado explicado por símbolos solo permite captar la clave esotérica a unos pocos elegidos.


La Pedrera o Casa Milá
Elías Rogent, director de la Escuela de Arquitectura de Barcelona, al otorgarle la titulación profesional en verano de 1878, dijo lo siguiente: “Aún no estoy seguro de haberle concedido el diploma a un loco o a un genio”. Empezaba así la vida pública del gran arquitecto catalán, cuyo arte ejerce una atracción irresistible entre los estudiosos del arte y los turistas procedentes de todos los rincones del mundo. Sin embargo, aún siendo universalmente conocido, existen muchas lagunas y contradicciones sobre su biografía. Por ejemplo, todavía nadie se atreve a afirmar si realmente nació en Reus (Tarragona) o en la vecina localidad de Riudoms. Lo verdaderamente sorprendente es que en el acta matrimonial de sus padres, procedentes de un linaje de caldereros, aparecen inconfundibles signos masónicos, tales como el triángulo con un ojo vigilante y criaturas mitológicas. Pero ello no debería extrañar demasiado, ya que durante la primera mitad del siglo XIX, en Reus y sus alrededores se localizaronnumerosas sociedades secretas, tales como los Carbonarios y Francmasones.


Parc Güell
El futuro arquitecto y sus padres mantuvieron estrechos lazos con importantes familias de la zona. A este respecto debemos señalar que el joven Gaudí compartió pupitre escolar con Eduardo Toda, futuro diplomático y destacado miembro de la masonería local. Ambos trabajaron en un anteproyecto para restaurar el monasterio de Poblet, manteniendo una sólida amistad que se mantuvo a lo largo del tiempo. Algunas fuentes dicen que en aquella etapa padeció fiebres reumáticas que le impidieron participar en actividades deportivas, lo que influyó en su carácter solitario e introvertido, del que algunos destacan su gran ingenuidad. Sin embargo, su carácter observador facilitó el desarrollo de su afinidad por la naturaleza, que le acompañaría el resto de su existencia. Al mismo tiempo aumentó su pasión por la mitología clásica. Otras versiones aseguran que desde temprana edad se relacionó con artesanos y escultores afines a la construcción, aprendiendo su lenguaje gremial, heredado de la masonería. Y fue un tío suyo el que le enseñó los rudimentos teóricos y prácticos de estos colectivos. Durante sus actividades profesionales el respeto mutuo con albañiles y otros profesionales de la construcción contrastó con la tirantez que presidió sus relaciones con mecenas y patrocinadores.

En 1869 llegó a Barcelona con la intención de estudiar arquitectura. A sus 17 años trabajó como delineante para Eduardo y José Fontseré, por aquel entonces «maestros de obras». También se le relaciona con Elías Rogent, un conocido librepensador, que le introdujo en los secretos de las edificaciones medievales. Y el estudio de los escritos del esotérico francés Eugenio Viollet-Le-Duc influyó en su atracción por el arte gótico. La etapa universitaria de Gaudí está caracterizada por los contrastes, ya que aunque era un estudiante irregular, sus ideas atrajeron a partidarios y detractores. Una vez conseguido el título, se asoció con su colega de carrera Camilo Oliveras, que era anarquista, y planificaron la sede de la Cooperativa Agraria de Mataró (Barcelona) cuyos planos dibuja a la extraña escala de 1/666, que incluía el “número de la Bestía” del Apocalipsis y que era una escala inusual en la historia del arte. Sus buenas relaciones con su paisano Juan Grau, obispo de Astorga (León) le ayudan a que se cuente con él para distintas obras sacras.

Los biógrafos del arquitecto coinciden en señalar la desordenada personalidad de Gaudí durante aquel periodo, en que no dudó en frecuentar ambientes de corte socialista y conspirador. Pero a mediados de 1894 su vida inicia un inesperado giro hacia el ascetismo. Mucho se ha especulado al respecto. También se dice que Gaudí se retiró del mundanal ruido después de un desengaño amoroso con una tal Pepeta. De nuevo hay que repasar las notas biográficas para recordar sus relaciones con los entornos eclesiásticos, empezando por el obispo Torras y Bages, o el poeta y religioso Jacinto Verdaguer. Por otro lado, el estudioso de origen chino Hou Tech-Chien, en su tesis doctoral sobre la espiritualidad del arquitecto, ofrece una insólita explicación: “Gaudí experimentó la iluminación tan común del budismo Zen. Fue un filósofo que expresó sus ideas a través de la arquitectura como metáfora…Tuvo su veta filosófica, pero nunca estudió filosofía, sino que se guió por la intuición. Sucede lo mismo en el Taoísmo».

Para llevar a cabo su impresionante obra resultó fundamental el mecenazgo del aristócrata Eusebio Güell Bacigalupi, nacionalista catalán y miembro de grupos librepensadores. Se sabe que ambos se conocieron en 1878, pero se ignoran las circunstancias que rodearon su encuentro. De su asociación surgieron construcciones francamente insólitas, sobresaliendo el enigmático Parc Güell, o el palacio que este noble ordenó levantar en las Ramblas barcelonesas, sobre terrenos considerados «malditos». Tomando como base la geometría esotérica, este parque y la finca Güell junto al monumento de Buenaventura Aribau, forman un triángulo equilátero. Y este monumento, repleto de simbología masónica, forma parte de un entorno ideado por los hermanos Fontseré, con los que Gaudí colaboró con diseños secundarios, aunque innovadores, empezando por una cisterna subterránea.


Palacio de Gaudí en Astorga (León)
Asimismo, el palacio Güell está unido al templo de la Sagrada Familia por una línea recta que cruza el Hospital de San Pablo. Y la Sagrada Familia, además, enlaza con una segunda línea recta que discurre por el Parque Güell, pasando por el templo del Tibidabo, para acabar en el arzobispado de Astorga, en León, todas ellas obras diseñadas por Gaudí. Todavía hoy se discute a qué obedecieron estas enigmáticas alineaciones. Sea como fuere, existen puntos de discusión, tales como su verdadera relación con la masonería. Una guía aparecida en 1895, que recogía las actividades de las logias en la capital catalana, incluye una relación de los miembros que las integraban. Pero, junto a los nombres de diversos personajes ilustres, el de Gaudí brilla por su ausencia. Cualquier información que hubiese permitido solucionar esta incógnita se perdió en el extraño incendio de sus archivos, depositados en el templo de la Sagrada Familia, ocurrido en junio de 1936. Y pocos días antes, un misterioso segundo incendio destruyó sus pertenencias almacenadas en el Parque Güell. Un desenlace semejante se produjo con respecto a sus obras, ya que pocas llegaron a completarse en vida del arquitecto.


Columnas del Parc Güell
El Parc Güell es probablemente una de sus principales muestras ocultistas, con gran carga simbólica. Esta propuesta de urbanización residencial se inició en 1902, pero fracasó a causa de su lejanía respecto al centro urbano barcelonés de la época. Joan Bassegoda Nonell, director de la cátedra Gaudí, afirmaba que la representación del monstruo Pitón, con aspecto de salamandra, junto a otros elementos simbólicos, esconde un horno alquimista. Además de los 33 peldaños (símbolo de los grados masónicos) para alcanzar el primer promontorio, y las 21 columnas que lo sostienen (coincidentes con los 21 Arcanos Mayores del Tarot), las onduladas líneas de los bancos laterales sugieren la estructura del ADN cuando se superponen, tal como lo interpretó el arquitecto Ricardo Bofill en una conferencia pronunciada en Barcelona a finales de 1968. Similar destino sufrió la Cripta Güell, mausoleo cuya construcción quedó interrumpida en 1917 tras la muerte del mecenas. Cuando no fue su irascible carácter el culpable de no finalizar algunas obras, como el Palacio Episcopal de Astorga, su muerte se encargó de interrumpirlas. Un tranvía lo atropelló en el verano de 1926, falleciendo en la sala para indigentes del Hospital de San Pablo. Su aspecto descuidado impidió identificarle hasta que ya fue demasiado tarde.

Una de sus últimas fotos al final de su vida.

Gracias

Deseo daros otra vez las gracias de corazón por seguirme. A pesar de que me gustaría dedicarme cada día, pero la palabra tiempo está en mi vida y de momento no he podido eliminarla. Algún día lo conseguiré y le llamaré momento corto o largo pero momento.

Hoy vamos a conocer algo que seguro vemos en algún lugar y alguna vez pasa desapercibido, como son monumentos o cosas relacionadas con el esoterismo o lo mágico.

En el mundo son conocidas las piramides, totems y muchos más. Todoas este tipo de construciones se han hecho en base de unos objetivos  POR y PARA algo.


En España hay varios: Sagrada Familia,   El Valle de los Caídos, varias catedrales, arcos etc ... tenemos  El Camino de Santiago,  que es una experiencia iniciática espirtual.